Las enfermedades autoinmunes pueden impactar en la fertilidad

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Según datos epidemiológicos, un 80% de los pacientes con enfermedades autoinmunes son mujeres1. Este tipo de afectación es una patología del sistema inmunitario caracterizada por el ataque y destrucción de células y tejidos sanos propios del organismo.

La enfermedad autoinmune por sí misma no ha mostrado una afectación directa en las posibilidades de conseguir un embarazo. No justifica por sí misma los problemas en la implantación embrionaria o en las tasas de gestación. Sin embargo, las enfermedades autoinmunes sí pueden estar relacionadas con las complicaciones gestacionales en determinados casos.

Es por ello por lo que los profesionales de la reproducción asistida aseguran que cuando no se logra la gestación o esta se ve interrumpida, puede ser necesaria la intervención de un equipo médico multidisciplinar especializado en estos casos de alta complejidad.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), existen unas 80 enfermedades clasificadas como autoinmunes que afectan a entre un 2% y un 7% de la población mundial 1. La mayoría de ellas producen inflamación que afecta a varias partes del cuerpo y presentan una gran variabilidad en cuanto a síntomas y a marcadores analíticos. Entre las enfermedades inmunes sistémicas más prevalentes, se encuentran el lupus, la artritis reumatoide, la esclerodermia, la enfermedad inflamatoria intestinal o síndrome de Sjogrem, entre otras.

“Es de suma importancia resaltar que las pacientes con enfermedades inmunológicas pueden tener hijos con la misma normalidad que una mujer sana. Sin embargo, si se presentan problemas de fertilidad persistentes, es fundamental que el abordaje del tratamiento de reproducción asistida sea multifactorial por su complejidad”, asegura el Dr. Juan Manuel Jiménez Tuñón, médico experto en reproducción asistida de Ginemed Sevilla.

El doctor aclara que analizar solamente el factor inmunológico es insuficiente para realizar un diagnóstico de infertilidad. El factor inmune no debe ser considerado de manera independiente a la hora de valorar su peso en la consecución del embarazo, ya que la actividad inmune está relacionada también con la actividad de otros factores endocrinos, infecciosos, nerviosos o metabólicos. Por este motivo, el experto recomienda el abordaje multidisciplinar, como el que utilizan en la Unidad de Casos de Alta Complejidad de Ginemed.

Fallos de implantación y abortos recurrentes por causas embrionarias, alteraciones en el útero o enfermedades inmunológicas

Hablamos de fallo de implantación embrionaria cuando, a pesar de contar con embriones de máxima calidad, no implantan correctamente en el endometrio de forma reiterada. Por su parte, se denomina “aborto recurrente o de repetición” cuando ocurren tres abortos consecutivos o cuando se diagnostica una alteración tras el segundo aborto. Las causas de aborto recurrente pueden estar en el embrión o en el útero materno. Igualmente, los abortos de repetición pueden deberse a diversas patologías que, sin ser enfermedades del útero, afectan al desarrollo del embarazo.

“Los fallos de implantación embrionaria y los abortos de repetición de causa uterina pueden deberse a alteraciones anatómicas del útero, como malformaciones, miomas, pólipos grandes, adenomiosis … o a alteraciones funcionales, como cambios de tamaño, de su estructura (endometritis), o causas inmunológicas”, explica Jiménez Tuñón.

En cuando al factor embrionario por infertilidad femenina, los abortos de repetición pueden producirse por:

  • Composición cromosómica alterada del óvulo, cuyo diagnóstico se realiza a través de un análisis cromosómico al embrión (Test Genético Preimplantacional o PGT).
  • Deterioro de los ovocitos debido a diversas causas, como puede ser la edad o la endometriosis.
  • Alteraciones hormonales.

Cabe destacar que otra de las causas embrionarias está relacionada con el factor masculino. En algunas ocasiones, el espermatozoide que ha fecundado al óvulo tiene una composición cromosómica alterada. Esta alteración se puede detectar realizando el cariotipo al varón. Por otro lado, el varón también puede presentar un ADN fragmentado, que se puede diagnosticar por medio del test de fragmentación espermática.

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