LANDA siempre tuvo una obsesión clara: encontrar la canción perfecta de pop. Aquella melodía capaz de remover algo desde dentro, de provocar placer y memoria al mismo tiempo, perseguir una canción que sonara honesta, luminosa y necesaria
LANDA siempre ha sido una banda de melodistas, de artesanos en busca de equilibrio. Y «Perfecto Desastre» mantiene ese espíritu, conjugando tradición y modernidad con naturalidad. Las nuevas canciones beben del pop rock anglosajón de los años 60 y 70, desde Tom Petty, Eagles o abrazando los Beatles más maduros, hasta horizontes más contemporáneos, conversando con el presente con la intimidad de Phoebe Bridges o la densidad emocional de Father John Misty, Andrew Bird o la versión Zoé menos onírica. LANDA se nutre del pop clásico, preciso y luminoso dotando a cada una de sus nuevas canciones de un sonido propio.
Las canciones no piden cita, aparecen. Y hay regresos que no se anuncian, no se diseñan. Simplemente, suceden.
La música siempre encuentra la manera de volver, y así, de manera espontánea, aparece la música de LANDA, un renacimiento inesperado que llega después de años de silencio. El tiempo en realidad es solo un número que se mide en días, meses o años. Cuando llega el momento lo único que cuenta es él aquí y él ahora. Y LANDA están de vuelta precisamente ahora.
LANDA reaparece con un disco nuevo que rescata el valor más puro de su historia, un álbum hecho desde la necesidad de volver a sentir la emoción verdadera de la música, abrir una puerta que, hasta hace unos meses, parecía estar cerrada. El poder de la música es maravilloso.